La salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud se hizo efectiva el 17 de marzo de 2026, exactamente un año después de que el canciller Pablo Quirno notificara al Secretario General de las Naciones Unidas la intención del país de irse. Quirno confirmó el cierre del proceso en redes sociales, donde sostuvo que Argentina "va a seguir promoviendo la cooperación internacional en salud a través de acuerdos bilaterales y foros regionales, preservando plenamente su soberanía y su capacidad de decisión en materia de políticas sanitarias". El movimiento llega dos meses después de que Estados Unidos formalizara su propia salida de la OMS bajo la presidencia de Donald Trump.

El presidente Javier Milei viene criticando desde hace tiempo el manejo que hizo la OMS de la pandemia de Covid-19.

El mayor experimento de control social de la historia.

Así calificó Milei, en más de una ocasión, las directivas sanitarias del organismo durante la pandemia -llegó a describir a la OMS directamente como "nefasta". El ministro de Salud, Mario Lugones, repitió ese enfoque después de que la Asamblea Mundial de la Salud tomara nota de la salida en mayo: escribió que la pandemia "nos dejó una lección que no podemos ignorar" y que Argentina estaba "recuperando la soberanía sanitaria". Confirmó, eso sí, que el país va a seguir coordinando con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) la compra de vacunas y medicamentos a través de sus Fondos Rotatorio y Estratégico.

Críticas y preguntas legales sin resolver

La decisión no pasó sin resistencia. Según Euronews, el anuncio generó críticas de especialistas en salud locales, que calificaron la medida como una "aberración" desde el punto de vista de la salud pública -mientras el Gobierno sostuvo que le daría más flexibilidad y soberanía para definir política sanitaria.

Hay, además, una disputa legal abierta sobre la salida en sí. A diferencia de Estados Unidos, que se reservó un derecho explícito a dejar la OMS cuando ingresó en 1948, Argentina no cuenta con esa reserva y apela en cambio a un argumento basado en la Convención de Viena. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, planteó en un informe ante la junta ejecutiva del organismo en enero de 2026 que "la supuesta notificación de retiro por parte de Argentina no debería aceptarse como válida". Aun así, la junta ejecutiva recomendó que la Asamblea Mundial de la Salud reconociera la salida -algo que terminó ocurriendo en mayo, un paso que especialistas en derecho internacional describieron como la junta pasando por alto el propio asesoramiento legal de su Secretaría, sin que exista un precedente claro para hacerlo.

The Buenos Aires Times informó que dejar la OMS implica para Argentina perder el acceso directo a programas de apoyo técnico, canales de financiamiento y foros de decisión, con la consiguiente pérdida de influencia sobre la política sanitaria global -y citó a especialistas en salud pública que advirtieron que operar por fuera del marco de la OMS podría complicar la coordinación ante futuras emergencias sanitarias transfronterizas. Think Global Health señaló un caso concreto: un brote de hantavirus a bordo de un crucero que zarpó de un puerto argentino a principios de 2026 dejó sin resolver la pregunta de qué organismo, la OPS o la OMS, tenía jurisdicción para la notificación del brote, justo mientras el estatus de membresía del país todavía estaba en disputa.

Pese a la salida de la OMS, Argentina mantuvo otros frentes de participación multilateral en salud: en marzo de 2026, Lugones sumó al país a la Alianza para la Atención Primaria de Salud en las Américas (AxAPS), una iniciativa conjunta de la OPS, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.